La mayoría de los
problemas de salud son imputables a las condiciones sociales y económicas, en
las cuales se desarrollan las personas, no obstante, la investigación del VIH/SIDA se
concentra en temas biológicos, dejando aparte el problema de la determinación
social de la enfermedad.
En el tema del
VIH/SIDA, como en la mayoría de las enfermedades, el estado de salud está
determinado por factores sociales (conductuales y estructurales): entorno,
estilo de vida, carga genética y sistemas de salud, aunque en este último en
menor medida. Identificamos como factores conductuales a la nutrición, educación
de los hijos, práctica de actividad física y el uso o abuso de sustancias toxicas
como el alcohol u otras drogas; y como factores estructurales a la falta de empleo,
la calidad del trabajo, educación, vivienda, calidad de vida e ingreso
económico.
El VIH/SIDA contribuye
al aumento de la pobreza porque aumenta el riesgo de empobrecer a las familias,
tanto por el aumento en los gastos de atención médica, como por la pérdida de
ingresos cuando la persona es la fuente de ellos. La situación se agrava cuando
se trata de una mujer jefa de familia. En este caso la afección es devastadora porque
al ser una enfermedad incurable, cuya conclusión del curso clínico es la muerte,
puede dejar en una situación muy adversa a sus hijos, más aun si transmite la infección en forma perinatal a alguno o algunos de
ellos.
Actualmente el
desarrollo científico y el uso de medicamentos contra el virus, si bien no
curan la enfermedad, si permiten disminuir de forma muy importante el riego de
trasmisión del VIH/SIDA de una madre portadora, al producto de la concepción.
Por una parte el problema radica en la falta de oportunidad y acceso a los
servicios de salud, pero por otra parte la conducta de las mujeres de no acudir
a los servicios de salud para su diagnóstico y su tratamiento como parte del
embarazo, contribuye dramáticamente a no darle la oportunidad de tener un hijo
sano, libre del virus.
Las diferencias en el
contexto socioeconómico pueden fomentar el riesgo relacionado con los estilos
de vida y los comportamientos, ya que una condición social de desventaja (menor
nivel de educación, menor ingreso o no tener trabajo y por ende seguridad
social), disminuye la posibilidad real de que reciban un diagnóstico oportuno y
tratamiento.
Sin duda, al igual
que muchas otras enfermedades, en el VIH/SIDA se identifican factores sociales como determinantes
importantes en la trasmisión, evolución y consecuencias de la enfermedad. Hay artículos
que ha demostrado la asociación de las condiciones socioeconómicas con
diferentes etapas del proceso de enfermedad del VIH/SIDA donde las personas con
altos ingresos y mayor nivel educativo presentaron menor prevalencia de VIH que
los que tenían bajos ingresos y menor nivel educativo. Así mismo en los
determinantes sociales para que las personas se hicieran la prueba de VIH, se
ha demostrado que las personas jóvenes más educadas y mejor pagadas, son más
propensas a saber si están o no infectadas.
Por lo anterior un
programa integral de atención del VIH/SIDA, específicamente dirigido a mujeres
en edad fértil que cursan con un embarazo, para prevenir una trasmisión
perinatal, a parte de la información, talleres, acceso a servicios médicos y
cambios de conducta, debe incluir la visión de mejorar en la población en
general, sus ingresos, trabajos y nivel educativo. De otra forma, mientras
prevalezca la pobreza y la ignorancia, difícilmente se podrán evitar
enfermedades como esta y muchas otras que debieran de ser prevenibles.

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